El Ordenanza

Caza mayor

El Ordenanza. Capítulo 40

Escena 1

-Nuria... es Ernesto…

-¿Qué pasa, Roque?

-Ernesto... está... muerto.

-¿Cómo?

Tiene un... un... tiro en el pecho... ¡Es horrible! ¡Se ha suicidado, Nuria!

-¡Me cago en...! ¿Has llamado a la policía?

-No, he pensado en ti y…

-¡Muy bien, Roque! ¡Como si no tuviésemos suficiente mierda encima, tú te acojonas y haces el gilipollas! ¡Anda, llama a la policía!

-Vale, Nuria.

Escena 2

La inspectora encargada de la investigación, Luisa Ferrán, camina despacio, tomando fotografías de la escena del crimen. El cadáver, sentado en el asiento del copiloto, lleva un disparo mortal en el pecho y el cordón de la bota derecha atado al gatillo de una escopeta de caza de dos cañones. La puerta del todoterreno está cerrada y la ventanilla subida.

Luisa se pone en cuclillas al lado del coche y se lleva la cámara a la cara. Dispara una instantánea y gira la cabeza para llamar a su compañero.

-Martín, ¿puedes venir un momento?

-Dime, Luisa.

-Mira, aquí hay varias pisadas... diferentes suelas pero parecen del mismo número... yo calculo que un 46. ¿Puedes sacar un molde? Yo voy a ver quién o quiénes de los cazadores calza un 46... y a hablar con ellos.

-Muy bien. Están en la casa, les están tomando declaración.

-Más fácil, entonces.

-No sabía que en esta circunstancias de confinamiento se pudiera cazar.

-Cuando tienes pasta, no hay confinamientos que valgan, Martín. ¡Saca los moldes, anda!

Escena 3

-Roque, ¿no? A ver, cuénteme. ¿Fue usted el que encontró el cuerpo?

-Se lo acabo de contar a su compañero, ¿es necesario?

-Realmente no. ¿Por qué llamó a la señora Nuria Moltó antes que a nosotros?

-Pues no sé, estaba demasiado nervioso. No sabía qué hacer... ¡ha sido horrible!

-Imagino. Oiga, Roque, ¿usted qué numero de zapato calza?

-Un 46. ¿Por qué?

-Por nada, por nada.

-¿No estará insinuando que soy sospechoso?

-Yo no insinúo nada. Si usted es inocente, no tiene por qué ponerse nervioso, Roque.

Escena 4

-… y apenas tres días después de que saltase la noticia de una presunta financiación ilegal en las últimas Elecciones Municipales, el tesorero del partido liderado por Nuria Moltó ha sido hallado muerto esta mañana, en una finca de caza, con un disparo en el pecho, en plena cuarentena. Nos amplía la noticia Eva Milán, que se ha desplazado hasta el lugar de los hechos. Buenas tardes, Eva.

-Buenas tardes, Carlos. Pues, como bien dices, Ernesto Pérez ha sido encontrado sin vida en un coto de caza a escasos cincuenta kilómetros de la capital alicantina. Hace tan sólo unos minutos que el juez ha levantado el cadáver y, aunque todo apunta a un suicidio, la Policía Nacional no descarta ninguna hipótesis hasta el momento. Les seguiremos informando conforme se vayan esclareciendo los hechos.

-Muchas gracias, Eva. Y, en otro orden de cosas, según un estudio de la Universidad Complutense, los españoles somos cada vez más reacios a poner nombres tradicionales a nuestros hijos...

Escena 5

-Luisa, ha llegado el resultado de la autopsia.

-¿Algo a reseñar?

-Buíguez ha encontrado una sustancia orgánica en los labios del fiambre.

-¡A ver! Mmmm... interesante... voy a hablar con él, ¿vienes?

-¡Claro! No querrás llevarte tú todo el mérito, ¿verdad?

-Mira que eres bicho, Martín. ¡Vamos!

Escena 6

-Roberto Amonte, Presidente de las Juventudes del partido, sobrino de Ernesto y que calza un 46 de pie. ¿Correcto?

-Sí, pero no entiendo por qué me han traído a comisaría.

-Quizá pueda usted arrojar luz sobre el contenido de esta carpeta.

-¿Cómo quiere usted que sepa qué hay ahí metido, inspectora?

-Se lo voy a decir yo: hay un registro de llamadas que demuestra que entre su tío y usted había una relación muy fluida. También el resultado de las pruebas de ADN de una sustancia que encontramos en los labios de su tío. Roberto, hemos encontrado su saliva en los labios de Ernesto. ¿De verdad que no tiene nada que contarme?

-No se lo va a creer, pero soy inocente. Realmente él se suicidó. Es cierto que Ernesto y yo hablábamos mucho. Teníamos... como decirlo... una relación a escondidas. Él estaba casado con mi tía y yo asumía que nunca iba a ser sólo para mí. Pero la relación se fue marchitando. Las últimas semanas apenas contestaba a mis mensajes. Apenas hablábamos. No nos veíamos. El miércoles pasado tuvimos una pelea: él quería terminar con lo nuestro y yo... yo estaba... estoy enamorado de él. Pasé toda la noche llorando. Deseando que muriese.

Cuando amaneció, había tomado una firme decisión: yo sabía que Ernesto había tergiversado alguna de las cuentas del partido. Era la oportunidad para joderle la vida. Sólo me hizo falta hacer llegar, en un sobre sin remitente, un pen drive con ciertos archivos a los periódicos de la provincia. Ernesto estaba acabado.

El día de la cacería, se veía muy angustiado y taciturno. Estuvimos almorzando con el resto de la batida y no abrió la boca en todo el rato. Temí que se le pasara por la cabeza hacer una locura e intenté andar cerca de él, sin que se diese cuenta. Estábamos cerca de los coches cuando, de una zarza, me salió un zorro y fui tras él, olvidando momentáneamente a Ernesto. El zorro escapó y me dirigí a donde había dejado a mi tío y, cuando me faltaban unos cincuenta metros para llegar a su coche... sonó un disparo. No pude llegar a tiempo. Tenía el pecho ensangrentado y la mirada perdida. Sus grandes ojos verdes. No quise tocarlo, entre otras cosas para no mancharme de sangre, pero no pude reprimir el deseo de despedirme de él. ¿Puede darme un vaso de agua, por favor?




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