El Ordenanza

De cervicales e incienso

El Ordenanza. Capítulo 119

Escena 1

  • ¿Pero tú estás ciego o qué te pasa?
  • ¿Ciego? ¡Has sido tú el que me ha dado por detrás!
  • ¡Pero es que, el semáforo se había puesto verde ya!
  • También podrías haberme pitao en lugar de arrollarme, ¿no?
  • ¡Que tengo prisa, gilipollas!
  • Bueno, por mucha prisa que se tenga…
  • ¿Quieres decir que tu tiempo es más importante que el mío?
  • No, pero es domingo.
  • Pues, por eso no quiero perder ni un minuto de mi tiempo de ocio.
  • Pues ahora, por listo, estás malgastando el tuyo y el mío.
  • Oye, encima no te me pongas chulo que te meto una hostia, ¿eh?
  • ¡Pero vamos a ver, que el que me ha dado por detrás eres tú, tronco!
  • ¡Me cago en tus…
  • ¿En mis qué?
  • ¡Te voy a partir la cabeza!
  • ¡Oh! Entonces, de rellenar el parte amistoso ni hablamos, claro.
  • Mira, panoli: me estás tocando mucho los huevos ya. ¡El parte amistoso te lo puedes meter por el culo!
  • Tranqui, creo que sé quién puede solucionar todo esto. Dame un segundo.
  • ¿Antonio? Soy el alcalde… ¿cómo llevas la mañana?… Nada, hombre, está terminando el turno… sí… oye, que te llamaba porque he tenido un pequeño accidente de tráfico con un chavalote, muy bien plantao, que se niega a rellenar el parte amistoso… bueno, no ha sido nada… un golpecico por detrás… tranquilo, que no hay nadie herido… si pudieras mandarme una patrulla al semáforo del Rojo… muchas gracias, Antonio… perfecto… venga, hasta pronto. Ciao.
  • ¿Alcalde?
  • Sí.
  • ¿Y has llamao a los municipales?
  • No quieres rellenar el puto parte amistoso, ¿no? Pues nada, chico, nos apañamos con los guardias y ya verás tú cómo toooooodo se soluciona… antes o después.
  • Venga, hombre, no pongas esa cara. Carpe diem!

Escena 2

  • Deberías ir al médico o algo.
  • No, en serio: no es nada.
  • No se confíe, señor alcalde. Visite a su médico y se queda tranquilo.
  • Gracias Avelino, pero no creo que vaya a mayores. Es un dolor de cuello, sin más.
  • ¡Pero si pareces Boris Karloff! Vio-lín… amiiiiiigooooo.
  • Lo que tienes que hacer es ir a un fisio. Mi amiga Bego ha abierto un centro en la Avenida. Si quieres, te paso su teléfono y te acercas… sin compromiso.
  • No, no, Gabriela. No me veo… capacitado para ir…
  • ¡No digas tonterías, alcalde!
  • Lo primero es la situación… el incienso, los budas, las rosas de Jericó… y luego las preguntas incómodas… si eres alérgico a algo, si has tenido enfermedades u operaciones… ya sabes… que vas a darte el masaje pensando en tu pasado clínico.
  • ¡Pero si Bego es un amorrrrrr!
  • Ya… seguro pero… yo no la conozco. No la he visto en mi vida y…
  • ¿Y?
  • Y me tengo que quedar en calzoncillos y calcetines, que pareces Bob Esponja con frío… que ¡esa es otra! Si se supone que allí va la gente a darse masajes en ropa interior, ¡pon la estufa!
    Además, luego te tumbas en la camilla y pones la cara en el “foraet” ese, como buenamente puedes y, al ratico, se te empieza a embotar la nariz y a secársete la boca, que se te queda la lengua como un menhir y notas cómo se te empieza a caer la baba y piensas “espero que esto no le haya pasado al paciente anterior, por favor”… ¡Y a todo esto, siendo amasado entre terribles sufrimientos!
  • Chicos, yo os dejo, que paso de ver desmoronarse al Primer Edil.
  • ¡Eres mala persona, Juan José!
  • ¡Y tú un flojeras, alcalde! Mejórate, haz el favor. Si tienes que ir a que te crujan los chacras, ve y punto.
  • ¡Claro! ¡Si quieres te acompaño!
  • No, no, Gabri. Dame el teléfono y ya voy yo sólo.

Escena 3

  • (Incienso. Empezamos mal. ¡Un Buda! ¡Un pedazo de Buda que no te lo acabas! ¡Cagüen la Gabriela! ¡Ya me ha hecho el lío!)
  • Buenas tardes. Veo que le ha llamado la atención nuestro Buda… es un símbolo que inspira tanta autosuperación, vitalidad y sentimientos nobles, ¿verdad?
  • Pues no lo sé. Me llama la atención lo grande que es.
  • Sí, bueno… fue todo un acierto: otorgar santidad mística a este espacio de salud.
  • Lo consigue, lo consigue… bueno, yo tenía cita para darme un masaje… me envía Gabriela.
  • ¡Oh! ¡Gabri! Es un ser tan especial…
  • Sí, lo es. Me dijo que preguntara por Bego.
  • Ahora mismito está ocupada, ¿eh? Pero sale ya.
  • Perfecto, gracias. (¿Y la música? Con el gorgojeo del agua me están entrando unas ganas de ir al aseo… que por cierto, ¿dónde debe estar? ¿Cómo serán sus puertas? ¿En una habrá un Vishnú y en la otra un Ganesh? Mira la ocarina que suave… es un midi o algo, pero ¡qué bien, oye!)
  • Buenas tardes. Soy Bego. Pasa a la consulta y te hago unas preguntitas…
  • (Ya empezamos…).

Escena 4

  • Bego, ¿puedo beber un poco de agua?
  • ¡No debes ni pedirlo! ¡Siéntete libre de hacerlo!
  • Gracias… es que se me ha taponado la nariz y tengo la lengua como un tigre.
  • Según la biodescodificación, eso es porque tienes una carencia de aire puro. Debes fluir como el oxígeno que inhalas y exhalas… hacerte uno con él.
  • Voy a intentarlo. (Fluyo con el oxígeno… inhalo, exhalo… fluyo con él… me hago uno con el oxígeno… soy el oxígeno… lo soy… aquí hay algo que falla. La música es cabezona y el oxígeno es indetectable, que entre el incienso y el potingue este que me está echando… ¡así no hay manera de fluir! ¡Hostia! ¡Se me está cayendo la baba!).
  • Te noto tenso todavía. Relaja tu alma, vacía tu mente y fluye con tu respiración.
  • Mira, Bego… creo que no puedo seguir con esto. No es por ti, soy yo. ¿Me puedo vestir?

Escena 5

  • Buenas noches, Sira. ¿Qué tal ha ido tu día?
  • Buenas noches, cielo. Mi día bien. ¿Y el tuyo?
  • Extraño.
  • ¿Cómo llevas el cuello?
  • Me duele horrores.
  • ¿Quieres que te haga un masaje?
  • Sí, por favor.

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