Abandonad toda esperanza

El evangelio del Coyote

Abandonad toda esperanza, salmo 902º

Para encabezar la columna de hoy me he permitido la licencia de robarle el título al que podría ser mi guionista de cómic favorito (Grant Morrison), perteneciente a la quinta entrega de la colección que muy bien podría ser también mi cómic preferido (Animal Man). Y es que hoy toca hablar de Víctor Coyote, polifacético artista gallego al que los que ya peinamos canas recordamos como cabeza visible del grupo musical Los Coyotes y como Víctor Abundancia o Víctor Coyote en solitario; es decir, quien fue sin lugar a dudas un nombre clave del primer rock español de influencia latina en los años ochenta y noventa -así es, Santiago Auserón (alias Juan Perro) no estaba solo en esto-; pero que de un tiempo a esta parte se ha descolgado como dibujante de cómics, ilustrador y diseñador gráfico; además de como realizador audiovisual y actor ocasional.

Víctor Coyote ha interpretado gráficamente el magistral relato de Stevenson

Esta faceta gráfica de la poliédrica personalidad que nos ocupa hoy está de actualidad gracias a la reciente publicación de una edición ilustrada, como la del Drácula visto por Tomás Hijo que les comenté la semana pasada, de otro clásico inmortal de la literatura gótica y de terror: El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde. Imagino que la mayoría de quienes estén leyendo estas líneas conocerán de sobra la novela corta de Robert Louis Stevenson publicada en 1886, si no directamente sí al menos a través de alguna de las muchas versiones cinematográficas y televisivas que a partir de ella se han realizado a lo largo de los años. Pero por si acaso, no está de más aclarar que se trata de la obra literaria sobre la dualidad humana por antonomasia, por tratarse de un reflejo en clave de ficción fantástica de lo que en psiquiatría se denomina trastorno disociativo de la identidad: su protagonista, el doctor Henry Jekyll, está convencido de que en todo ser humano conviven la bondad y la maldad; y para demostrarlo consigue crear una poción que una vez ingerida separa ambas condiciones convirtiéndole en el malvado Edward Hyde, quien pronto se revela como un criminal capaz de cometer las mayores atrocidades. La presente edición, además de con una nueva traducción de Susana Carral y el siempre excelente trabajo de Reino de Cordelia, hace gala de dieciséis bellas y expresivas ilustraciones de un Víctor Coyote pletórico. Si todavía no cuentan con este clásico imprescindible de la literatura universal en su biblioteca particular, no encontrarán mejor ocasión que esta para hacerse con él.

Una muestra del espléndido arte de "El cóndor y la caníbal"

Y ya que hablamos de Coyote, no está de más recuperar una novela gráfica publicada ahora hace justo un año: tras pasar por el sello Salamandra Graphic y las editoriales especializadas Autsaider y Fulgencio Pimentel (que, como ya sabrán y si no lo saben se lo digo yo, no publican a cualquiera, precisamente), con El cóndor y la caníbal su responsable entra en el impecable catálogo de Astiberri... y en el del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, pues estamos ante una coedición entre ambos como ya lo fueron en su día, entre otros títulos, dos relatos biográficos sobre sendas pintoras tan espléndidos como el de Georgia O’Keeffe por parte de María Herreros y el de Gabriele Münter realizado por Mayte Alvarado.En esta ocasión, y con una propuesta mucho más original y arriesgada, el autor se aproxima a las figuras de los pintores holandeses Frans Jansz Post y Albert Eckhout construyendo un relato coral articulado mediante una sucesión de episodios encadenados protagonizados por seres humanos y miembros del reino animal en igualdad de condiciones a lo largo del tiempo: de un cóndor que en una fecha indeterminada del siglo XVII sobrevuela la ciudad de Quito ubicada en el valle de la cuenca del río Guayllabamba a un zorzal colorado que a mediados del siglo pasado es testigo del periplo de tres músicos que se dirigen a un gran hotel de la capital de Paraguay para tocar durante la temporada de verano, pasando por una serpiente que es testigo de la crueldad del hombre blanco -personificado en el personaje de un temible capataz inglés- para con los indígenas durante el colonialismo que subyugó el territorio americano desde su descubrimiento por parte del Viejo Continente. Todo ello termina por armar un relato sobre cómo la historia se construye sobre continuas reescrituras no siempre veraces que se ve ejecutado con una gran pericia narrativa y un estilo visual que sabrán reconocer como propio y personal quienes ya hayan disfrutado como yo de los anteriores Días de alarma y Entresijos... Lo que no es decir poco precisamente por parte de un dibujante con una trayectoria todavía concisa dentro de los márgenes del noveno arte. Una obra recomendabilísima, pues, como su versión del clásico de Stevenson que también les he presentado hoy.

El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde y El cóndor y la caníbal están editados por Reino de Cordelia y Astiberri / Museo Nacional Thyssen-Bornemisza respectivamente. 

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