De recuerdos y lunas

Horizontes ya

La reclamación, taxativa, la leí en varios foros tras la tragedia —¡Soterramiento ya! —regritaba triste el personal lacrimoso con rotundidad. Y algunos utilizaron la exigencia como punto y final para morderse la lengua y no seguir escribiendo o diciendo lo que les pedía el cuerpo desasosegado y encendido ante el mucho dolor. Sí, la reivindicación de futuro que ya es letanía en la ciudad se convirtió en desahogo de la rabia, en canal por donde derivó la angustia, en umbral de silencio donde sólo nos quedaba el silencio para acompañar a una familia destrozada.
Y que no se busquen culpables, porque entonces todos lo somos. Porque a veces hemos olvidado la constancia en la reivindicación en la que nunca había que haber bajado la guardia y la unidad en el fin. Y que no se busquen sinrazones al accidente fatal porque los que nos hemos criado cerca del tren, que en Villena han sido generaciones, la vía, los vagones abandonados del Chicharra, el jardincico de los enamorados, los montones de carbón, los trenes… –ya lo dijimos de alguna manera cuando escribimos “Vapor”– fueron nuestros parques de juegos para crecer en patulea al riesgo, al límite. Que es como se suele crecer. Siempre al límite.

Cada ciudad tiene sus abismos y sus agujeros negros por donde se precipitan los sueños o por donde se pierden los proyectos. Y por donde los dioses, siempre insaciables y celosos de juventudes, nos roban de vez en cuando la vida de los más jóvenes. Porque cuando muere algún joven, son los dioses los que los raptan, cabrones y envidiosos de que la juventud nos deleite el mundo y nos espolee las esperanzas. Porque los jóvenes que nos preocupan y nos molestan y nos agotan y nos putean, y nos estropean las siestas con las motos, y nos quitan el sueño con sus vigilias de ocio, son también quienes nos hacen mirar al futuro. Y quienes bosquejan las ilusiones. Y quienes día a día nos airean el corazón para que no se nos enmohezca de burguesías. Así, los dioses, sabiéndonos vivos y revivificados con los jóvenes, nos los arrebatan para jodernos. Y a ser posible nos los arrebatan con violencia. Para jodernos vivos. Y bien.

No conocía a Luis Navarro Sánchez. Bueno, a lo mejor sí, porque me dicen los de mi casa que iba con mi sobrino Joaquín al colegio de los Salesianos y también me explican otros vínculos con la familia. Pero yo, por más que quiero, no puedo tener a toda Villena en mi cabeza. La noticia me la adelantó mi hermana. El teléfono hay veces que suena y me inquieta pensando, antes de descolgarlo, en alguna desgracia posible como esta que me dijo mi hermana por la noche. Luego, seguí las notas por la prensa. Buen trabajo el del compañero José Valdés en la versión digital de este EPdV nuestro tragándose el directo, y buen trabajo el de IHERMAS y J.A.R. en INFORMACIÓN, informando con rigor sin sacarle punta a los posibles lapiceros que en estas ocasiones tienta el puto morbo. Cumplida la labor que exige la profesión, viene muy bien a la familia el silencio. Porque a veces las voces y los comentarios no hacen más que echar sal a las heridas. Pero después del silencio solidario habrá que pelear para que la tragedia, repetida en las variadas versiones que permite la vía, tragedia que se nos llevó a Luis ayer, y anteayer a otros como Luis, no tenga ocasión de ser más, eliminando esa barrera de pasado que encorseta a nuestra ciudad. Soterrando o alejando, habrá que gritar: ¡Horizontes ya!

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