El Ordenanza

Ja baixen

El Ordenanza. Capítulo 59

Escena 1

  • Buenos noches, Paco. ¿Cómo va todo?
  • Bastante bien, Avelino. Perdona que te llame a estas horas, pero...
  • No te preocupes, hombre, que sólo son las nueve. Todavía no tengo horario de geriátrico.
  • Ya... pero no quisiera molestar...
  • ¡Que no molestas, Paco!
  • Avelino, te voy a proponer una cosa muy seria ¿puedo contar con tu absoluta confidencialidad?
  • Nos conocemos desde hace más de cincuenta años... creo que no debes tener ninguna duda de ello.
  • ¿Qué piensas hacer estas fiestas, amigo?
  • Trabajaré por las mañanas y, por las tardes iré con los nietos, seguramente. ¿A qué viene tanto misterio?
  • Quiero preguntarte si te unirías al Frente Festero de Liberación.
  • ¿Al F.L.F.?
  • ¡No hombre, no! ¡Los del Frente de Liberación Festera son unos disidentes! Nosotros somos el F.F.L.
  • Pues... no sé Paco... me pillas un poco a contrapié.
  • Verás, se está organizando una muy gorda. El F.F.L. nos hemos adscrito a la L.C.F., la Lliga de Coies Festeres, donde hay organizaciones tan importantes como el Front de Filaes Festeres Alcoianes, el F.F.F.A.; el Comité de Festeros por la Fiesta, el C.F.F.; y la U.N.D.E.F. para luchar contra la opresión judeo-marxista que nos quiere arrebatar el derecho a celebrar nuestras tradicionales fiestas populares.
  • ¡Ostras, Paco! Creo que los árboles no os dejan ver el bosque...
  • Tenemos que acabar con la represión que están ejerciendo sobre nosotros el Sánchez y el “Coletas”.
  • Pero Paco, cordura: no se celebran las fiestas por culpa del Covid-19...
  • ¡Eso del Covid-19 es un invento para quitarnos los pocos privilegios que nos quedan!
  • Por favor, no me seas terraplaplanista...
  • Avelino, veo que no aceptas mi oferta.
  • No, Paco: si hay que luchar por algo, lucharé por lo que me merezca realmente la pena.
  • Pues, si no estás con nosotros, estás contra nosotros.
  • Lo siento, amigo mío, no puedo estar a favor de esto...
  • Avelino, no vuelvas a llamarme amigo.

Escena 2

  • Que bo estava l'arrós, collons!
  • De categoría!
  • ¡Vamos, vamos, señores! ¡A las cuatro hemos de estar en la Losilla! ¡Vamos bastante mal de tiempo!
  • A ver, ¡los garibaldinos debéis formar detrás dels blauets!
  • ¡Organización, señores, organización!
  • Gaspar, haz el favor de empezar a vestirte...
  • Aún tengo tiempo de tomarme, al menos, dos cubatas más... ¿ha llegado el Quincy con la carroza?
  • Por favor, alguna me puede ayudar a cerrar los broches de debajo del refajo?
  • Muy bonito el traje, pero complicao de poner... y los colores pasaron de moda hace tiempo.
  • Sí, pero en su momento dieron el campanazo. Ahora todos los cabos imitan a la cabo esa que llevaban.
  • Se perdió la esencia.
  • Y la vergüenza.
  • Pues sí.
  • ¡Los estudiantes, todos juntos! ¡Da igual de la población que seáis, vosotros al pegote!
  • Las estudiantas ya están en formación, señor.
  • ¡Así me gusta! ¡Que todas parezcan que tienen cuarenta y cinco años!
  • A ver si conseguimos que todas las filaes de realistas parezcan una sola.
  • ¡A los de aquí se les distinguirá por el rosa de las medias!
  • ¡Ya podían actualizar el traje, ya!
  • El de las mujeres se les quedó bien chulo, pero el masculino es...
  • ¿Alguien me puede ayudar con la faja?
  • ¡Estos marruequicos, siempre arrastraos! ¡Anda, trae!
  • Ací no hi ha cervesa per a mi!
  • Vicent, por favor, te has bebido ya treinta y siete quintos... ¿no tienes bastante?
  • Ací no hi ha cervesa per a mi!
  • ¡Déjalo, Paco! Ya ha entrado en bucle...
  • ¿El Capità Moro va a comandar las huestes de Cadí?
  • El Capità Moro ha desertado, señor...
  • ¡Maldita sea! ¡Disidente!
  • ¿Los arcabuceros tienen las cartucheras cargadas?
  • Bueno, ya sabes la miseria de pólvora que nos permite la legislación...
  • ¡Que alguien termine de maquillar y poner el velo a las nazaríes, que nos pilla el toro!
  • ¡Con la barba postiza no me entra la mascarilla!
  • ¿Mascarilla? ¿Dónde has visto tú a un moro viejo con mascarilla?
  • Que nadie se separe de su fila.
  • Gaspar, ¡haz el favor de quitarte la chilaba ya, tío!
  • ¡Me acabo el cubata y me visto, te lo juro!
  • ¡Por favor, dejad de daros abrazos y de haceros la pelota unos a otros, que esto es más serio de lo que pensáis!
  • ¿Han llegado las bandas de música?
  • Señor, la ciudad está sitiada por las fuerzas opresoras. Los autobuses han sido retenidos.
  • Bueno, no nos queda más remedio que tararear. Los moros que tarareen “Éxodo” y los cristianos... “Paquito el Chocolatero”.
  • Señor embajador, creo que nuestras mesnadas necesitan su arenga.
  • Vaya, ahora que tengo la hemorroide casi fuera...

Escena 3

La plaza es llamada “del Rollo” porque, antaño, había una barbería que, en su entrada, era anunciada por uno de esos cilindros tricolores que advierten dónde ejercen los “sastres de barbas”.

Esta plaza está prácticamente abierta al norte por la calle Corredera y es alimentada por las brisas que corren desde el oeste y el suroeste en sendas calles que desembocan en ella. Al este, un arco centenario la separa de la Plaza Mayor de la ciudad y al sur, entre árboles mal podados, la bocana de la calle Nueva que trae, esta soleada tarde septembrina, la mezcolanza de un par de miles de festeros, organizados bajo el mando de los embajadores de la ciudad, que avanzan para conseguir por la fuerza de las armas (de las armas festeras) que sus tradiciones permanezcan intactas, pese a las recomendaciones de los expertos en pandemias, la cancelación de los festejos en la ciudad y la prohibición de celebrar los días grandes.

Una vez dentro de esta plaza, los exaltados se dan cuenta de su error táctico: todas las posibles salidas de la misma, excepto la que comunica con la plaza Mayor, están controladas por un ejército de antidisturbios bien entrenado para dejar tatuadas sus porras en las carnes de aquellos que no tengan intención de deponer sus armas, aunque estas sean meros juguetes festeros.

La retaguardia también es controlada por los agentes del Orden, que empujan a la muchedumbre hacia el arco que separa una plaza de la otra, donde uno a uno, son registrados, detenidos y, posteriormente, multados.

El camino de la delincuencia no conduce a ningún sitio saludable, pero el de la estupidez, amigo lector, lleva a una ruina ridícula y merecida.

No me hagan el fantoche, que ya habrá fiestas otros años.




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