El Ordenanza

Logic 3 (En la cresta de la ola)

El Ordenanza. Capítulo 120

Escena 1

Llueve y el agua trenza sus estelas vidriosas sobre el asfalto de la calle de Avelino. Abre el paraguas y emprende su camino hacia la Casa Consistorial. Las fachadas, grises y húmedas, parecen melancólicas en los días de lluvia, como si supieran que el otoño se promete largo y el invierno, frío.

“Este año se ha tirado de golpe” piensa, mientras sortea uno de los numerosos charcos que forman los olvidados socavones del casco antiguo de la ciudad e intenta esquivar las cataratas que caen de los canalones del tejado de la calle Empedrada.

Pese a todo, a él le gustan estos días de castañas y rosas (palomitas, para los que no fueron a E.G.B.). Siempre sintió que noviembre está recubierto de una magia romántica y una monótona melancolía adictiva, que se hace acompañar de las primeras bajadas de temperatura, así que sonríe al ritmo de la lluvia.

Dos bocacalles antes de llegar a su lugar de trabajo, a unos pasos de sus pasos, se detiene un gran automóvil negro como una maldición y, sorprendentemente, presencia cómo se apea de sus asientos traseros un Andrés López que, al notar la presencia del ordenanza, hace como que no lo ha visto. Avelino, extrañado, continúa su camino.

Escena 2

  • Buenos días, don Andrés.
  • Buenos días, Avelino.
  • ¿No trae usted paraguas?
  • ¿Eh? No, no. Lo olvidé. Tengo que preparar una reunión para esta mañana y creí que no…
  • Parece que, de todos modos, no se ha mojado usted mucho…
  • … aparqué cerca de casa y…
  • Tranquilo, no tiene que darme ninguna explicación.

Escena 3

  • Bienvenido al Ateneo, señor Aligator333, estábamos esperándole.
  • Buenas noches, Sylvana. ¿Qué tal va todo?
  • Perfecto, como cada día. Ya sabe que El Ateneo es imperturbable. ¿Hoy subirá o bajará?
  • Creo que primero subiré a cenar que, con las prisas, no he comido nada desde el mediodía.
  • Ya sabe, segunda planta. Hoy nos visita una reconocida chef de la France, que ha recorrido su país recogiendo las mejores recetas.
  • ¡Buah! ¡Con la gusa que traigo!
  • Aproveche, pues. ¡Oh! Señor Aligator333, si fuese usted tan amable, una vez se haya deleitado con las delicatessen de nuestra chef, ¿podrá pasarse por el recibidor del edificio central? Hay un hermano que nos ha solicitado conversar con usted.
  • ¡Un cofrade! ¡Eso está hecho, chata!

Escena 4

  • Por favor, ¿me puedes indicar dónde queda el recibidor del edificio central?
  • Debe usted coger el corredor sur hasta la bifurcación de las escaleras que llevan a la galería que comunica con el edificio central. Una vez allí, tome el segundo pasillo de la derecha y se encontrará con el Gran Salón. Gire, entonces, dejando la escalinata a la izquierda y habrá llegado.
  • Le acompaño.
  • Gracias.

Escena 5

  • Aquí es.
  • ¡Joder! ¡Como para encontrarlo yo solo! Muchísimas gracias, prenda.
  • Es un placer poder ayudarle en lo que guste mandar, señor.
  • ¿En todo?
  • … en todo lo que esté en mi mano.
  • ¿Solo en las manos? Bueno, ¿qué se le va a hacer? Espera que te voy a dar una propinica, mujer.
  • No estoy autorizada para recibir compensación alguna, que no sea la de la plenitud de ver sus deseos cumplidos, Señor.
  • Pues… ¿gracias?
  • No hay de qué.
  • Bueno… voy a ver de qué se trata este misterio.
  • Disfrute de su estancia en El Ateneo.
  • ¿Hola? ¿Hay alguien aquí?
  • Buenas noches, señor Aligator333.
  • ¡Madre mía! ¡Usted es Juan…
  • Lleva1centimoentubolsillo, por favor.
  • … pero usted es el dueño de Merc…
  • Señor Aligator333, en El Ateneo no existe la identidad. Todos los hermanos somos iguales.
  • ¿Qué dice? ¡Si he leído sobre usted y es un maquinón!
  • Fuera de El Ateneo todos tenemos nuestra vida pero le repito que aquí todos somos hermanos.
  • Bueno, hermano…
  • Lleva1centimoenelbolsillo.
  • ¿Le puedo llamar Bolsi?
  • No.
  • Vale.
  • Sigamos, por favor. ¿Qué tal su experiencia en El Ateneo, hermano?
  • ¡Brutal! ¡Vengo casi todos los días! ¡Aún estoy flipando de que esto sea gratis!
  • Como buenos hermanos, hemos de cuidar los unos de los otros…
  • ¡Eso es! ¡Hay que cuidarse!
  • Así, mediante nuestro firme germanor, logramos que esta utopía se sostenga.
  • ¡Claro, claro! ¡Germanor ante todo!
  • ¿Qué no haría un hermano por otro hermano, verdad?
  • ¡Por supuesto!
  • Así pues, estimado hermano, he de pedirle un pequeño favor…
  • ¡Delo por hecho, hermano!
  • ¿Qué opina usted sobre las plantas fotovoltaicas?
  • ¿Las fotovoltaicas? Están bien, ¿no?

Escena 6

  • ¡Juanjo, tío! ¡Tenemos que meter más presión! Si no actuamos, el rollo se nos puede ir de las manos definitivamente. Imagina la cantidad de puestos de trabajo que puede traer. ¡O que podemos perder!
  • Sí, pero el coste mediático-medioambiental puede ser insuperable para el partido. Ya sabes lo que le gusta a la gente el hacerse uno con el Cosmos, Andrés.
  • ¿Cosmos? Estamos hablando de un sitio, donde van unos cuantos pajaricos a cantar, frente a millones y millones de euros durante años. La conciencia ecológica no come trinos de pájaro.
  • Hemos de ser más agresivos, tío. Que el informe desfavorable de Sira nos está costando muchísimo dinero. Si perdemos esta oportunidad, no renovamos el cargo en la próxima legislatura ni de coña, Juanjito. ¡Hay que actuar ya!
  • ¿Qué propones?

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