El Ordenanza

Metamorfosis

El Ordenanza. Capítulo 65

Escena 1

Roque Acevedo despierta de un sueño intranquilo. Se encuentra sobre su cama, convertido en una monstruosa morcilla de cebolla. Al principio la idea le parece buena (le encantan las morcillas de cebolla y, ¿a quién no le gusta soñar con sus debilidades?) pero, en el despertador de su teléfono móvil empieza a sonar la música que marca la hora de levantarse para ir al Ayuntamiento.

En su pensamiento, estira somnoliento el brazo derecho, tanteando en la mesita de noche la ubicación del celular, aunque pronto es consciente de que no está alargando nada: las morcillas de cebolla no tienen brazos.

¡También es mala suerte, hombre! Hoy que tenía ganas de hacer algo por el pueblo y no va a poder… a ver… seriedad. Probablemente sea un estado de idiotez, causado por la congestión nasal que le viene persiguiendo desde anteayer y que… ¡un momento! ¡Ha desaparecido por completo! Claro, con este tufo a cebolla… ¡un momento! ¡No puede ser! ¡Está despierto! ¿Está despierto? Estás despierto.

Lo primero de todo es mantener la calma. Respira, Roque… eso es… tranquilo. Debes sentir tu “yo” conectado con el Cosmos… perdona, perdona… olvidaba que eres de derechas y eso del Cosmos es cosa de jipis. Centrémonos. Piensa en la sangre íbera que corre por tus venas… bueno… o sangre ibérica, claro.

Venga, que ya me dejo de bromas. Estábamos manteniendo la calma.

La segunda fase es la de observación, ¿no? Pues vamos allá: debes ser consciente de que estás despierto. Abre los ojos… lo sé: las morcillas de cebolla no tienen ojos… no me lo estás poniendo fácil, Acevedo. Tienes razón, el que no te lo está poniendo fácil soy yo. ¿Tienes alguna protuberancia o algún trozo de manteca o algo que te pueda servir para ver? ¿No? Vale, creo que tendrás que fiarte de mí: Roque, eres una morcilla de cebolla.

A grandes rasgos, tu piel es tripa de cerdo translúcida, atada en ambos extremos con maestría. Tu relleno está formado por (según la costumbre de cada lugar y cada elaborador) una combinación de cebolla (finamente picada y frita en manteca), la sangre y el sofrito (ambos calientes). Se puede mezclar con diferentes especias.

Ya… tu futuro no es muy prometedor: eres una morcilla de cebolla de un metro ochenta y cinco de alto. Sí, ya sé que no estoy bien de la cabeza, pero ¡mira Kafka! Imagina que me hubiera dado por convertirte en garrapata… ¡o en un kiwi! Sí, mejor una morcilla de cebolla. Muy de la Terreta.

¡Va! ¡No te quejes tanto!¿Puedes moverte? A ver, Roque, yo lo sé, pero el lector no… ya… ¿lo puedes intentar, por favor? Prometo no reírme (difícil cometido).

Yo diría que no te has movido del sitio. Ya sé que es complicado. Imagino que mover una masa semisólida no debe ser moco de pavo. También podías haber cultivado tus abdominales antes, que sin ser morcilla, cuando te ponías esas camisas que al sentarte se abrían por los botones, ya parecías una.

Vamos al tema: ¿sientes algo especial? Tranquilo, es normal que no sientas nada: después de escaldado y cocido a 80 grados durante media hora, no creo que haya nada que sienta algo. Ya sé que esto es un tanto embarazoso pero, siempre te puedes hacer el muerto.

Oye, no te pongas trágico. No creo que te haya jodido la vida. Al contrario, te he hecho protagonista de uno de los capítulos más difíciles de escribir.

Ya, te podía haber puesto de galán pero, con la que montaste en el capítulo anterior, bien mereces un poco de karma morcillesco… lo sé… lo soy.

Por lo menos vives sólo. ¡Ah! ¿Que los jueves viene una señora a limpiar?¡Joder cómo te lo montas, Acevedo!¡Cuando acabe con tu casa, que empiece por la mía! … ya… menudo cuadro flamenco va a encontrarse la pobre mujer.

¿Quieres que haga que no venga? No te voy a mentir, me encantaría exponerla a esta situación… ¿te parece bien? Piensa que peor no puedes estar… ¡de perdíos al río!

Es verdad, podrías estar en una parrilla o en un arroz empedrao para quinientas personas, sí, pero también podrías ser un personaje de Paulo Coelho (y eso sí que es un putadón).

¿Oyes? Está abriendo la puerta. Que sí, que sí, que las morcillas no tenéis oídos…

¡No nos centramos, Roque! ¡Así no hay quien pueda!

…te aseguro que me estoy poniendo en tu lugar.

Pues… parece que no ha notado mucha diferencia la chica… ¿cómo dijiste que se llamaba? ¿Amanda? Pues eso, que parece que Amanda está curtida en mil batallas, porque ha saludado y se ha puesto a hacer el baño.

Va, no te pongas llorica, que la cebolla solo hace llorar cuando se corta cruda. Tu vida no se ha ido a la mierda, sino que han cambiado las circunstancias. ¿Tu madre? Pues no sé, Roque. Ella te quiere tal y cómo eres. No debes preocuparte de eso. Mira, tienes piel. Puedes tatuarte lo de “Amor de madre” en plan marinero… es inevitable, lo siento.

Por el Ayuntamiento no te preocupes, creo que nadie te va a echar de menos. Te recuerdo que eres tú el que vas buscando la mínima para liarla pardísima…

¡Ay! ¡Si te viera el López ahora!¡Se iba a partir la caja torácica!

Venga, ya te dejo, que pareces cansado. ¿Las morcillas tenéis necesidad de dormir? En cualquier caso, ¡échate un sueñecico, hombre!

Verás que, cuando despiertes, las cosas serán de otra manera.

Escena 2

  • Buenos días, Avelino.
  • Buenos días, señor Alcalde. ¿Permite… la temperatura?
  • ¡Por supuesto!
  • ¡Muy buenos días!
  • Buenos días, señor Acevedo.
  • Buenos días, Roque.
  • ¡Hace un día maravilloso! ¿Verdad?
  • Bueno… esta mañana hace un frío que corta el cutis…
  • ¡Mira que sois flojos los de izquierdas! ¡Parece que no tengáis sangre! ¡Je, je, sangre! ¡Dispare, Avelino!
  • 35,7.
  • ¡Pasad un día fantástico, amigos!
  • ¿Qué le ha pasado a éste?
  • No sé…
  • Avelino, ¿se ha fijado usted en el fuerte olor a morcilla de cebolla que llevaba encima?
  • Mejor no pregunte, señor Alcalde.

Y a usted, estimado lector, ¿no le llena de curiosidad saber con qué canción se despierta Roque Acevedo?

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