Al Reselico

Nevaba

Es fácil querer a quien te lo ha dado todo, pero a veces es difícil decirlo y demostrarlo

Revisando papeles esparcidos en un cajón encontré una vieja fotografía de hace algunos años. Es una foto que no sé por qué tengo impresa. No es especialmente bonita, ni está bien hecha, ni siquiera se distingue con nitidez a la protagonista. En la imagen, tomada un invierno en el remonte de alguna estación de ski, se ve a una mujer con gafas de ventisca, chaqueta rosa y casco blanco. Se nota que está pasando frio, por la manera de resguardarse el mentón y por los copos de nieve que lleva enredados en el pelo. La foto es bastante mala, en realidad. No entiendo ni por qué la conservo. Quizás porque la mujer que mira hacía la cámara no es una mujer cualquiera, sino mi madre, y porque aquel día fui yo quién le hizo esa fotografía, mientras nevaba.

Esa manera suya de ser, tan intensa y viva, genera episodios desternillantes que no podré contar jamás

Hoy quiero hablarles de esa tipa menuda que aparece enredada en casi todos los momentos de mi existencia. De la mujer que el día que la fotografía estaba sentada a mi lado. Se llama Ague y no mentiría si dijera que es la persona a la que más quiero en el mundo. Nunca se lo digo, ya saben, eso no se le dice a una madre. Además intuyo que ellas no necesitan oírlo para saberlo. Como es obvio, toda mi memoria está repleta de sus recuerdos. Siempre ha estado ahí, presente en mi vida. Dormí, comí, soñé, aprendí, crecí a su lado. De enano fue mi guía, mi médica, mi profesora, siempre mi eterna acompañante. Tanto que, al final, casi la conozco mejor que a mí mismo; activa y culo inquieto, voluntaria y entusiasta, responsable y preocupada, insistente hasta la extenuación; organizadora compulsiva de sí misma, de los demás y de todo cuanto la rodea… Esa manera suya de ser, tan intensa y viva, regala a quienes la rodeamos episodios singulares y desternillantes que, fiel a las reglas del buen hijo, no podré contar jamás.

Me trasmitió su amor por la palabra escrita, el deporte o la naturaleza

Ella fue quien me agarró de la mano en mis primeros pasos; quien se tumbaba a mi lado por las noches a leerme cuentos de historias y aventuras; quien compró mis primeros libros y mis primeros discos de música; quién peleaba conmigo en los parques; subía a mi lado montañas, me dejaba con el Chori en la carroza; me llevaba a bibliotecas o teatros; me recogía de la piscina y cuando me sentaba detrás en su Ford Fiesta morado, al lado del enano, me daba un bocadillo de crema de tres colores, un zumo de piña y ponía en la radio un casete de Serrat o Ana Belén. Me trasmitió así el amor por la palabra escrita, por la música, el deporte o la naturaleza. El cariño hacia nuestra ciudad, su cultura, sus Fiestas y tradiciones. Quiso enseñarme a caminar por la vida descubriendo lugares y personas, viviendo experiencias, mirando siempre más allá. Y si hoy en día soy como soy, si mi personalidad es esta que he ido contándoles a ustedes durante 52 artículos de “Al Reselico”, Ague es sin duda la principal responsable.

Su cariño hacia nuestra ciudad, su cultura, sus Fiestas y tradiciones

Intentó educarme más con ejemplos que con palabras y jamás se lo podré agradecer lo suficiente. Procuró meterme en la cabeza la importancia de muchas cosas: Ser educado, decir siempre buenos días, por favor o gracias, tratar a los demás con respeto, valorar la amistad, esforzarse para llegar a las metas, cumplir tus obligaciones, escuchar y aprender del que piensa diferente, disfrutar las alegrías, relativizar las penas, tener sueños... A veces lo consiguió más y a veces menos, pero jamás le he dicho gracias por tantas horas, días, años de ternura, entrega y compromiso. Por todo lo que me dio y aún me da, por todo lo que me enseñó y aún me enseña, por aquellos besos de buenos días y aquellas regañinas de buenas noches, por hacerme comprender que el amor verdadero es ese que se entrega sin esperar nada a cambio.

Tengo la foto entre mis manos, pensativo, y acabo de caer en por qué imprimí esta imagen tuya mientras nevaba, mamá. Para recordarme que es fácil querer a quien te lo ha dado todo, pero que, a veces, es difícil decirlo y demostrarlo. Para no olvidar nunca que pase lo que pase, por mucho que nieve y por mucho frio que pueda hacer ahí fuera, siempre quedará a tu lado un lugar dónde podré sentir afecto, cariño y calor.

Al fin y al cabo, este solo es un artículo más

Ahora dejo la foto sobre la cama del hospital y sonrío al mirarte ahí tumbada, recuperándote mientras duermes. Vas a pegarme una buena bronca por haber escrito esto, pero me da bastante igual. Rozalén canta por mis auriculares Peces de Ciudad. Se peinaba a lo garçon, dice la letra. Termino de escribir estas líneas, apago la música y os miro otra vez, a ti y a la fotografía. Qué cosas. Por qué demonios tendré lágrimas en los ojos. Al fin y al cabo, este solo es un artículo más.


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