El Volapié

Parar, templar y mandar

No me ha inspirado lo más mínimo el debate de comparecencia de Mariano. Ya compareció el registrador y ya quedaron convencidos sus feligreses e indignados los de la parroquia de enfrente, y ahora todos juntos celebran la gran fiesta de la democracia. Ustedes también podrán participar dentro de un par de años cuando aparezcan las sonrientes peticiones de voto, aunque les sugiero que vayan pensando en cómo ponerle el cascabel al gato antes de que llegue algún forastero a hacerlo en nuestro nombre.
Así que vamos a la molla del asunto… Juan Belmonte revolucionó el toreo cuando fue capaz de ocupar en el ruedo unos terrenos que hasta su llegada eran exclusivos del toro.

Apodado El Pasmo de Triana, se guaseaba explicando que no había toro capaz de mostrarle la escritura de propiedad de terreno alguno y se instaló en un estilo de quietud pulverizando el toreo de la antigüedad para mostrar los inicios del torero moderno, definiendo que los tiempos fundamentales del toreo son parar, templar y mandar, interpretándolos como nadie había hecho.

Parar al toro para citarlo con rectitud, adelantando la muleta y cargando la suerte; templar, que supone llevar a la res prendida en los vuelos de la muleta, casi tocándola, como si los pitones hubiesen sido hilvanados en la franela, pero sin tocarla; y mandar, para dominar la embestida y construir la faena con despaciosidad.

Construir despacito es mejor que hacerlo con excesiva rapidez, porque ya lo decía Napoleón y porque las prisas son malas consejeras, aunque muy buenas –eso sí– para los ladrones y los malos toreros.

Porque digo yo que si desde que se constituyó la coalición tripartita de gobierno ya estaba claro que todos se comprometían a que cada día 7 de septiembre se celebrase en Villena algo parecido a una corrida de toros, ¿no podrían ser más previsores y evitar los rollos de todos los años?

Este año, además, incrementado por una situación de apremio, porque desde que se adjudique la organización de la corrida al empresario ganador del concurso hasta que llegue la fecha del festejo, se contará con muy pocas jornadas para trabajar en ello. ¿Pueden imaginarse lo que hay detrás de la organización de una corrida de toros?

Pues hay que darse la mano para cerrar el trato con tres diestros de cierta nombradía y que no tengan la fecha cubierta, ir a un par de ganaderías a ojear los cerrados, que en la imprenta preparen los carteles y las entradas para ponerlas a la venta cuanto antes, hablar con areneros, acomodadores, portoneros, reposteros, cuadra de caballos de picar, banda de música, equipo médico y UVI móvil, alguacilillos, el papeleo en la Conselleria, veterinarios, asesores, carpinteros, seguros de responsabilidades varias, etc. Y nada de esto puede rematarse hasta que uno es conocedor de que tendrá la encomienda municipal para tirar adelante con esta aventura, porque los que se queden fuera habrán tirado a la basura todo el trabajo previo.

No están las cosas como para ir tirando nada a la basura y mucho menos el trabajo.

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