La Rockola de Fernando

Uno más

Entre los ya esperados y acostumbrados adornos de calles y hogares, vamos despidiendo este año que, como todos, no sabremos de momento si nos ha hecho más sabios, pero sí al menos más viejos, aunque esa palabra "viejo", esté ahora tan denostada, como si el llegar a cumplir años y pasar ciertas barreras de edad, fuera un pecado en lugar de ser considerado un logro.
Desde ese tiempo que va pasando y que se acumula en nuestros huesos y en nuestros recuerdos, asistimos como espectadores, no siempre pasivos ni siempre tampoco activos, a un devenir de los tiempos, un devenir de la historia que nunca cesará de asombrarme, máxime cuando todo lo que ocurre y salvo contados sucesos, siempre llega de la mano del hombre. Esa mano que este año que ya casi termina, ha tenido un nombre claro: IS o estado islámico. La muestra más palpable de lo que la intolerancia, en este caso religiosa, es capaz de hacer a un mundo que ya andaba bastante sobrado de locos e iluminados. Desde un comienzo de año con el atentado a Charlie Hebdo y terminando de momento, pues aún queda año, con el de los trágicos sucesos también en París.

Por entre medias un año que en mi opinión ha sido claramente político, una vez abandonada por parte de la mayoría de medios e incluso por el personal de la calle, la sombra económica que siempre va cogida de la mano de la política. Partidos nuevos, emergentes les llaman, como si en tantos y tantos años de política y democracia alguien es capaz de creer que hay algo nuevo bajo el sol. Podemos, que nació al albur de los que decían que no hacían política y que con el tiempo, con muy poco tiempo, se ha convertido en un partido más, eso sí, perdidas sus señas primarias de identidad y intentando buscar un sitio donde colocarse, a riesgo de ir dejando tanto por el camino que ya las pérdidas de votos y las disensiones internas han hecho mella en Iglesias y sus acólitos, hasta el punto de que el día menos pensado, veremos cómo desaparece la coleta y surge la corbata, Tiempo al tiempo.

Alberto, antes Albert, con su Ciudadanos, antes Ciutatans, buscando también su cobijo, y es que ante la falta de expectativas laborales, qué mejor que montarse un partido y hacerse autónomo de la política. Por el camino, tener tiempo de arrasar con la maltrecha UPyD y quién sabe si dentro de unos días (escribo esto a tres de las elecciones) también con el Sr. Sánchez, el dueño, dicen, de ese PSOE en el que las malas lenguas cuentan que acabará mandando Dª Susana. Al frente de todos ellos, D. Mariano, quien a trancas y barrancas ha mantenido el tipo y quien gracias a los resultados de la economía, sigue mandando en las encuestas.

Ya lo de la cabezonería de Mas y sus secuaces, lo de Carmena y sus colillas, lo de Colau y su retirada de símbolos o lo de Ribó y su anticlericalismo, confío en que en pocos años no sean sino una etapa a olvidar de la que espero quede como un chiste de esos malos que con el tiempo hasta nos hacen reír un poco.

Por lo demás, esa violencia de género que se sigue consolidando como plaga moderna, ese índice de pobreza infantil que de momento no mejora y es que para mejorar debería ser de cero y no nos podemos conformar con menos y tanto y tanto que es imposible condensar en una columna. Y es que el único lugar en que guardar las cosas que pasan sin que ocupen espacio, son los recuerdos.

Con ellos cerraremos en pocos días este año que, como todos, habrá sido bueno para unos y menos para otros. En nuestras mesas de Navidad habrá ausencias y nuevas incorporaciones, y mientras unos cantaremos villancicos, otros los llorarán. Es la vida y es su ley y no nos queda más remedio que acatarla. Nos seguiremos mirando en los ojos de los niños, y cuando el día 5 veamos pasar a SS.MM. por la Avenida Constitución, todos echaremos mano de esos recuerdos y por unos momentos nos sentiremos un poco niños. Algunos pensarán en lo que pudo ser y no fue, otros se regocijarán en lo que sí fue y otros, como este que escribe, lucirá una enorme sonrisa pensando en lo que va a ser y es que, si vivimos mientras alguien nos recuerde, me alegro pensando en que dentro de poco habrá una personilla que espero me recuerde dentro de muchos años.

Mientras, me conformo con que no me olvidéis, con que Carlos, ese inefable director, me permita seguir asomándome a estas páginas y eso sí, con que la paz, la felicidad y el amor se cuelen como un vendaval de bendición en vuestros hogares y os haga vivir las mejores navidades de vuestra vida. Desde esta Rockola, siempre cercana a ese castillo, os deseo una muy feliz navidad.

(Votos: 0 Promedio: 0)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba