Cartas al Director

¡Válgame el pijorrón!

Una reflexión de Tony Piojo

Cierto, la cosa tiene miga. O nos tienen por tontos del culo, o son más listos que nadie. Y eso que Nadie era más listo que el hambre. Unos científicos, en número de 43, aseguran que el cambio climático que padece el planeta es causado por la obesidad y la desnutrición. A ver cómo se baila eso.

Estos lumbreras llegaron a tal conclusión tras llevar a cabo arduos e innumerables experimentos (vete a saber cuáles). Ciñéndonos al flipante resultado podemos decir a boca llena que la culpa de que siempre que lavamos el coche llueva la tienen los muy obesos y los flacos desnutridos. Ahí es na.

Dejemos de ser malpensados y no culpabilicemos a los apestosos humos vertidos al aire por chimeneas de fábricas, centrales nucleares y toda esa mierda (llamada CO2) insuflada a la atmósfera por pestilentes vehículos a motor terrestres, aéreos y marítimos. ¡Pues no! ¡No la tienen! Tantos enteraos juntos no pueden estar equivocados. ¿¡Qué te creías, tontolhaba!?

Tiempo ha, se encontró en la Antartida, como el que se encuentra un duro, un agujero in crescendo en la capa de ozono. La científicos se echaron las manos a la cabeza y sin más se pusieron por la labor de encontrar al culpable. Se realizaron estudios y experimentos más complejos que los anteriores. Teniendo todo contrastado concluyeron que la causa de la creación del susodicho agujerico, ésta es descojonante a más no poder, la tienen nada más ni nada menos que… ¡¡Los cuescos de las vacas!! ¡Toma ya! Esta me la bailo yo solo.

Todo esto deberá tener su base científica, pero lo cierto es que en el Polo Sur, aparte de un frío que pela, pocos obesos y flacuchos desnutridos podemos encontrar. Ahora bien, vacas… ¡¡A puñaos las he visto yo tirándose pedorretas a mansalva por aquellas latitudes!!

Si algún ingenuo soñador ha pensado por casualidad que el ciudadanito de a pie recibirá alguna información sobre la cuantía de cuartos invertidos en tan exhaustivos estudios (del montante de la broma, vamos), puede ya comenzar a darse con un canto en los dientes –si le queda alguno–, porque estamos acostumbrados: Ni se nos informará ni puñetera gana que tienen. Como siempre, ni fu ni fa, más bien tirando a fa. ¿Se comprende? Pues eso.

Dado el tremendo despilfarro de dineros gastados en inutilidades varias, ni se nos ocurra preguntar a tan experimentados estudiosos por la hambruna que azota a buena parte de la Humanidad. Desde su demostrada invalidez cerebral son perfectamente capaces de aferrarse (científicamente, eso sí) a que los culpables de pasar hambre la tienen los que la pasan por comer poco o nada. Todo dicho sin rubor alguno y con la desvergüenza del que va cocío a canutos.

Y como nunca he visto a las hembras del ganado vacuno comer fabada, éste que lo es se va sin creerse na de na. Lo dicho, los calvos están de enhorabuena, aún no han encontrado de qué culpabilizarles. Hasta más ver, pues. ¡Au!

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