Abandonad toda esperanza

Agencia de Viajes Herzog

Abandonad toda esperanza, salmo 722º

A finales de noviembre de 1974, el cineasta alemán Werner Herzog recibió la llamada telefónica de un amigo que le informaba de una muy mala noticia: su compatriota Lotte Eisner, exiliada en París desde que huyó de forma inmediata tras el ascenso de Hitler al poder, estaba gravemente enferma y parecía muy probable que falleciese en pocos días. El futuro director de Corazón de cristal, que por aquel entonces tenía treinta y dos años, no lo dudó ni un instante y decidió viajar a pie los 770 kilómetros en línea recta que separaban Múnich de la capital francesa convencido de que, de alguna forma simbólica o incluso mística, su esforzado sacrificio podría salvar a su amiga.

Herzog junto a Lotte Eisner, fundadora de la Cinemateca Francesa y autora del ensayo “La pantalla demoníaca”

Así pues, el 23 de noviembre de aquel año, Herzog se calzó unas botas nuevas, se abrigó bien, se cargó a la espalda una bolsa de lona con un cuaderno y una brújula y emprendió una caminata que acabaría resultando ser toda una odisea marcada por el frío, la lluvia y la nieve. El suyo fue un viaje homérico de veintidós días de duración destinado a salvar la vida de Lotte Eisner, la autora de La pantalla demoníaca -muy probablemente el mejor libro sobre el cine expresionista jamás escrito- y figura admirada por la plana mayor del nuevo cine alemán: recordemos que Wim Wenders le dedicó la emblemática y magistral París, Texas (road movie por antonomasia, y por tanto otra película fundamental sobre la idea del viaje), y que el propio Herzog hizo lo propio con El enigma de Kaspar Hauser. Un periplo el de Herzog durante el cual el viajero comió lo que le dieron, durmió donde pudo y tomó una serie de notas en principio privadas pero que, tras un breve expurgo de las anotaciones más íntimas, acabarían por convertirse en Del caminar sobre hielo, hoy un clásico de culto de eso que podríamos llamar “literatura de viajes” en su vertiente más personal; la que alude a una serie de desplazamientos que forman parte de la intrahistoria y que resultan un tanto particulares o incluso excéntricos. Su reciente lectura me ha recordado otra joya bibliográfica de esta peculiar temática: Los autonautas de la cosmopista, el delicioso relato de un estrambótico viaje París-Marsella en caravana que firmaron al alimón Julio Cortázar y su esposa Carol Dunlop a comienzos de los años ochenta.

Pablo Maqueda escribe, dirige y protagoniza “Dear Werner”, una carta de amor a Herzog

No ocurre muy a menudo que los libros de no ficción se conviertan a su vez en películas de no ficción. Pero este Del caminar sobre hielo ha acabado dando pie a Dear Werner, una producción española hablada en inglés en la que el realizador Pablo Maqueda recrea el viaje de su admirado Herzog viajando él mismo y en condiciones parecidas (pero sustituyendo el cuaderno de aquel por un par de pequeñas cámaras digitales) a través de la misma ruta relatada en el libro, dando pie a una suerte de carta abierta y filmada (otro subgénero documental este, el de la correspondencia audiovisual, que merece capítulo aparte) que arranca así parafraseando a su ídolo: “Querido Werner: desde que me bajé del autobús decidí que caminaría. Por los bosques. Por la niebla. Por mis sueños”. Para los amantes tanto del cine contemplativo como del documental sobre viajes, Dear Werner resultará una verdadera gozada; para los cinéfilos como servidor, destaca particularmente el tramo final del film, en el que se cuenta las peripecias que vivió Lotte Eisner en su huida de Alemania y la labor que desempeñó en la Filmoteca Francesa, entidad que fundó a cuatro manos con otro teórico muy añorado: Henri Langlois. Sea como sea, se trata de un film muy disfrutable.

Herzog y Bruce Chatwin colaboraron juntos en “Cobra Verde”, film que el primero dirigió a partir de un libro del segundo

Si Maqueda buscó inspiración en Del caminar sobre hielo, Herzog se inspiró en el peregrinar del británico Bruce Chatwin para dirigir hace un par de años Nomad, en la que el propio autor de Stroszek nos muestra, además de algunas entrevistas con personas cercanas al que fue su colaborador y amigo en el tramo final de su vida, escenas y fotografías grabadas en las que recrea algunos de los viajes que aquel narró en libros de viajes como En la Patagonia o Los trazos de la canción. De hecho, el film recorre de forma más o menos cronológica la vida y obra de Chatwin, pues arranca relatando que su debut en el mundo de las letras, el citado En la Patagonia, surgió de la investigación de su autor a propósito de otro viajero de pro, su primo mayor Charles Amherst Milward; y deja para los últimos minutos el relato de su fallecimiento, que aconteció en 1989 por complicaciones relacionadas con el sida. No debería ser necesario señalar que no es este ni mucho menos el primer documental de Herzog o una excepción en su filmografía: por citar solo los más celebrados, recordemos Mi enemigo íntimo (sobre su tormentosa amistad y colaboración profesional con el siempre intenso actor Klaus Kinski), Grizzly Man o La cueva de los sueños olvidados. Pero este Nomad sí se nos antoja su film de no ficción más cercano a ese cine de parajes exóticos (este sí, de ficción) al que pertenecen filmes suyos que son ya clásicos del cine de viajes como Aguirre, la cólera de Dios, Fitzcarraldo o Cobra Verde, este último adaptación de la novela de Chatwin El Virrey de Ouidah. Es decir: la quintaesencia del cine en el que pensamos cuando pensamos en Werner Herzog.

Un desatado Klaus Kinski protagonizó, además de otros títulos de Herzog como “Aguirre”, “Fitzcarraldo” o “Nosferatu”, el film “Cobra Verde”

En resumidas cuentas: ahora que resulta tan complicado desplazarse dadas las lógicas restricciones, leer a Herzog y acompañarle en sus viajes, al igual que a Chatwin y a Maqueda, es una buena manera de viajar sin necesidad de salir de casa. No pierdan ni un minuto más y acérquense a la Agencia de Viajes Herzog... Y aprovechen la oferta vigente, pues tienen disponibles en la plataforma Filmin no solo Dear Werner y Nomad, sino también casi una veintena más de largometrajes de este cineasta fundamental para entender el cine alemán de la segunda mitad del siglo XX. Yo ya he disfrutado allí de su primera película, Signos de vida, y pienso seguir con todas las que no he visto todavía.

PS.- Tras su encuentro con Herzog, Lotte Eisner se recuperó y siguió viviendo en París durante nueve años más, hasta el 25 de noviembre de 1983, jornada en la que falleció a la provecta edad de 87 años. Tal vez los milagros sean otro de los beneficios del noble arte de viajar.

Del caminar sobre hielo está editado por Gallo Nero; Dear Werner. Walking on Cinema y Nomad. In the Footsteps of Bruce Chatwin están disponibles en Filmin.

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4 comentarios

    1. No me sea sensacionalista, que no es para tanto. 😜
      Muchas gracias por sus palabras y su interés. Espero que las próximas columnas estén a la altura de sus expectativas.
      Saludos y buen fin de semana.

  1. Siempre es de agradecer conocer información que no es fácil de encontrar, y tú lo consigues, el artículo que has escrito es para mí de verdad brutal. Un saludo y buen fin de semana.

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