Lo que pienso de

De La Losilla a la Luna

Mi escalera anda más preocupada por el lugar exacto en que dará comienzo la Entrada que por la espectacular subida de los carburantes. El debate no es baladí: desde que vivo aquí todos los años discutimos por lo mismo. Y eso que ni nos va ni nos viene, ya les he contado en alguna ocasión que por nuestra calle no pasan las Fiestas. A mí tampoco es que me importe mucho, de todas formas la voy a ver, más o menos del mismo sitio. Estos años he ido escuchando opiniones de todos los colores, unos que salir de La Losilla era una barbaridad, otros que si no salir de allí lo era más, el de más allá que si podía explotar la gasolinera, el de más acá decía que la gasolinera no podía explotar nunca…
Con estas opiniones y con otras muchas, tan absurdas como respetables, se han ido sucediendo los años siempre con la misma canción, Losilla si, Losilla no. Hasta que se cayó un camión y se armó un dos de mayo. Algunos empezaron a pensar qué habría pasado si el camión se hubiera caído el día cinco de septiembre, a la hora en que gran parte de los festeros se encontraba bajo los puentes y formados para salir. Ese mismo año se pusieron las pilas y de un plumazo mandaron a todos los festeros a la Avenida de Elche. Pero se armó la marimorena, porque tantos años formando en el mismo sitio, que en cuanto a la gente le cambias algo no sabe a dónde ir.

Todo esto es una versión resumida de las más de cien conversaciones y opiniones que les he oído a mis vecinos a lo largo de estos años. Recuerdo una vez que encontré a la del segundo en el rellano de la escalera, fue aquel año que se envenenó tanta gente con el aceite de colza, y a mí que me impresionan como a nadie los desastres de este tipo se me ocurre decirle: “¿Has visto la tele? Le están vendiendo a la gente aceite envenenado”, y como en un acto reflejo, sin darme tiempo para respirar, me suelta: “¿Y tú, te has enterado de que van a cambiar el recorrido de la Entrada? Ya no vamos a salir desde La Losilla”. Me quedé perpleja, tratando de encontrar la relación entre ambas cosas.

Si he de serles sincera les diré que me ha costado muchos años entender que en Villena todo lo que pasa en el mundo, más tarde o más temprano, tiene que ver con las Fiestas. Hasta el punto que mi vecino el del primero tiene un vídeo de la llegada del hombre a la luna en el que el astronauta, en vez de hincar la bandera americana, la que hunde de verdad –según él– es la de los Marruecos.

Con estos planteamientos, la gran mayoría de los vecinos se encaran a la vida todos los días. La del cuarto, que tampoco está muy puesta en esto de las fiestas, se quedó el otro día más helada que una llave cuando le pidió al del segundo que firmara para que la Educación para la Ciudadanía no la den en inglés, como quiere el PP. Enseguida el otro le sacó una hoja para firmar para que la Entrada salga otra vez de La Losilla, se intercambiaron las hojas y aquí paz y allá gloria. En fin, que mientras andamos preguntándonos si la mejor solución es una u otra, la gasolina sigue subiendo, pero no pasa nada: estamos en Fiestas.

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