Lo que pienso de

El hada mentirosa

Es probable que ya no se acuerden, pero a principio de verano le dedicaba esta columna al concejal de Sanidad, Juan Carlos Pedrosa. En aquella ocasión el concejal decía haber conseguido en un tiempo récord el proyecto del centro de inmigrantes. Menos mal que mi amiga Maite me sacó de mi inopia y me demostró que el concejal se había sacado un conejo de la chistera.
Aunque esta vez ya no me engaña el Hada Pedrosa, el otro día le oí que había tirado dos edificios del Poblado, y ahí sí que no me toma el pelo, porque recuerdo muy bien que esos edificios los tenía que tirar la Consellería y no los tiró en su momento. Pero es que la última que le he oído sí que es del libro ese de los récords. Como le pasamos la primera “broma” del centro de los inmigrantes, el muchacho se ha confiado y la ha metido más gorda. Acababa yo de venir del ambulatorio de coger número, cuando le escucho decir que las visitas en los ambulatorios de Villena van al día. Poco menos vino a decir que hay médicos de sobra, que llegas allí a pedir número y en vez de dártelo te visita el médico directamente. En cuanto le oí decir esto empecé a pensar en mi mala suerte, porque a mí me habían dado número para la semana que viene. En cuanto terminó de hablar me fui a ver a mi vecina la del cuarto, que tiene a su madre muy delicada y cada tres por dos está en el centro de salud. Lo primero que le dije fue: “¿tú cuando vas a pedir número te lo dan, o directamente va el médico y visita a tu madre?”.

Ella se me quedó mirando como si yo fuera una de esas de las encuestas que no paran de darnos la paliza y me dijo: “¿y tú por qué quieres saberlo?”. Entonces le conté lo que me había pasado con mi visita al médico. Mira, de poco se cae al suelo cuando terminé de hablar. “Eso no es verdad”, me contestó, “si a mi madre le han dado la visita para el especialista para dentro de dos meses y medio y a Laura la del segundo le tuvo que visitar a su hija un médico normal porque no habían pediatras”. “¿Y quién es ese Pedrosa?”, me preguntó. “Pues según me contó Maite, el chico vive en Villena aunque no es de aquí, creo que es primo de la alcaldesa de Elda, aquella que tuvieron que despedir del hospital porque el PP había mangoneado para ponerla a trabajar a dedo. Creo que antes de ser concejal estuvo trabajando en Valencia de asesor o de chofer de un pez gordo del PP”.

“¡Pues entonces todo cuadra!”, me dijo la del cuarto. “¿Qué es lo que cuadra?, le pregunté. “A este le pasa lo mismo que le pasó a Rajoy con el Prestige, que a Aznar con las armas químicas de Irak y que a Zaplana y a Acebes con lo del atentado de Madrid”. Yo no acababa de entender a dónde quería llegar con sus razonamientos, pero ella siguió: “según tengo entendido, en el PP lo que ocurra en realidad da lo mismo, lo importante es cómo creen ellos que las cosas han ocurrido, sean verdad o sean mentira”.

No sé si sería una imaginación mía o no, pero tengo que confesarles que hoy lo he vuelto a ver por la tele y me ha parecido que el concejal tenía la nariz un poco más larga que hace unos meses.

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