El Ordenanza

Marramiau

El Ordenanza. Capítulo 77

Escena 1

Permitan que me presente: mi nombre es Marramiau, aunque he recibido diversos nombres a lo largo de mis siete vidas, tales como Gato, Misinino, Bolita-de-pelo, Rascaespaldas, Bigotitos y Fluffy. Esta tendencia humana a nombrar todo es, aunque algo engorrosa (hay muchos compañeros que han padecido trastornos de identidad múltiple), beneficiosa para nuestra organización, el Comité Gatuno para la Dominación Mundial, pues facilita la infiltración de nuestros agentes en los hogares de los peores enemigos de nuestra especie: los homínidos.

Como todos ustedes sabrán, hermanos en Bastet, últimamente nuestra raza se ha visto amenazada por las absurdas ocurrencias del humano: sea suficiente mencionar la CES (caza, esterilización y suelta) llevada a cabo por la Concejalía de Políticas Animalistas de nuestra ciudad, la cual ha mermado el aumento de nuestra población en un 4000% en los últimos años, así como la implantación de un sistema de control de los alimentadores de nuestras colonias urbanas, mediante una acreditación garabateada en algo parecido a un papiro.

A este peligro, proveniente de la misma cúpula de poder humano, hemos de sumarle una nueva triquiñuela, que intenta aprovechar la consabida tendencia de nuestros vecinos de planeta a creer que numerosas enfermedades se ceban con ellos: la tremenda estupidez.

Así, abanderados por un tal Agustín García (aunque creemos con firmeza que es un nombre falso) hemos detectado ciertos movimientos de resistencia y crítica hacia los individuos de su especie que ya tenemos dominados y que nos dan comida a cambio de proteger sus hogares de roedores y alimañas, al amparo de una mal nombrada dolencia a la que han denominado Síndrome de Noé.

Al parecer, el mentado Agustín no tiene ni idea de medicina.

Esta nueva provocación, nos ha hecho tomar decisiones de urgencia, que os resumimos en el siguiente decálogo:

  1. Dejar de ser/parecer adorables.
  2. No dejarnos acariciar ni someter con sus zalamerías.
  3. Denunciar todos y cada uno de los vídeos en los que aparezcan miembros de nuestra especie, haciendo payasadas, para entretenimiento de humanos.
  4. Dejar de perseguir punteros láser y/o puntos de luz.
  5. Evitar, en la medida de lo posible, juguetear con ovillos de lana y pelotitas de goma.
  6. No perseguir, cazar o magullar a ratas, ratones, musarañas, palomas o cualquier otro tipo de animal que ellos consideren “plaga”.
  7. Destrozar muebles, cortinas, colchas, ropas y enseres varios a los que ellos otorguen algún tipo de valor.
  8. Dejar de utilizar los cajones de arena para hacer nuestras necesidades. El Mundo es nuestro cajón de arena.
  9. Erizar nuestros lomos ante su proximidad y, si nos sentimos acorralados, no dudar en saltar sobre sus hocicos, arañando y mordiendo, como si una de nuestras vidas dependiera de ello.
  10. No atender a nombres inventados por ellos, tales como “Minino”, “Misifús”, etc., ni acudir a sus llamadas, aunque éstas sean susurrantes y/o tremendamente intimidatorias.

Es el momento de dar el salto para dominar el planeta y, si nos mantenemos unidos, caeremos de pie.

Fdo.: Marramiau (Consejero Supremo del CGDM)

Escena 2

  • ¿Da su permiso, señor alcalde?
  • Pase, pase, Avelino. ¿Qué se le ofrece?
  • Verá, nos enfrentamos a un problema insólito: a las puertas del Ayuntamiento hay como un millar de gatitos con pancartas, en las que se pueden ver las huellas de sus patitas.
  • ¿Qué?
  • ¡Como se lo cuento! Hay una manifestación gatuna delante del edificio.
  • ¡Pero vamos a ver! ¿No sucede ninguna cosa normal en este bendito municipio?
  • Al parecer, no. ¿Qué hacemos?
  • Haga pasar a un representante, Avelino, si puede ser…
  • Como usted mande.

Escena 3

  • Una vez expuestas sus reivindicaciones, creo que lo mejor que podemos hacer es buscar al tal Agustín y que pida perdón a su especie.
  • Miau.
  • ¿Se le ofrece algo más señor… cómo dijo que se llamaba?
  • Marramiau.
  • Disculpe, señor Marramiau: ¿se le ofrece algo más?
  • Miau.
  • Pues, le prometo que, desde esta alcaldía, haremos todo lo posible por que sus peticiones sean atendidas. Tenga usted un buen día.
  • Brrrrrrrrrrrr.

Escena 4

  • Buenos días, señor alcalde.
  • Buenos días, Avelino. ¿Ha llegado Juan José?
  • Está esperándole en su despacho.
  • ¿Se sabe algo de Andrés?
  • Sigue confinado. También Sonia y Santiago. Al final, debemos dar gracias de que solo hayan sido tres los casos confirmados.
  • Que sean pocos no es un consuelo, Avelino. No deberíamos haber tenido ninguno.
  • No se martirice, señor alcalde. Nadie está exento de contagio. De todos modos, no debemos dormirnos.
  • En esas estamos. Si ve usted a Juanjo, dígale que hemos de vernos, por favor.
  • Descuide.
  • Muchas gracias, Avelino.
  • Por cierto, señor alcalde, ¿cómo logró amainar la tempestad felina de ayer?
  • Pues sencillo, mi buen amigo: hice gala de la lógica esgrimida por Giuseppe Tomasi di Lampedusa en su afamado libro “El gatopardo”.
  • ¿Y de qué se trata?
  • Simplemente, cambiar algo para que todo siga igual.
  • Es usted un hábil político, señor alcalde.
  • Avelino, si somos capaces de lidiar diariamente con humanos irracionales, a los que les importa tres pitos y un tambor el bienestar de nuestra amada Madre Tierra, ¿cómo no iba a hacerme entender por una raza suprema, como la gatuna?

Escena 5

  • Avelino, mira qué monada he encontrado en la calle.
  • ¡Oh, Aurora! ¡Qué gatito más lindo!
  • ¿Qué te parece si lo adoptamos?
  • ¡Me parece estupendo, amor!
  • ¿Y cómo le llamaremos?
  • ¿Qué te parece si le llamamos Noé?
  • ¿Noé? Curioso nombre para un gato tan lindo…
  • Si no te gusta, cariño, siempre le podemos llamar Sub-comandante Marcos…
  • No, no. Noé es perfecto.

Tal vez, amigo lector, le parecerá que este capítulo es un desvarío a la altura de las más disparatadas mentalidades pero, si lo piensan bien, lo es. Y recuerden: no compren, adopten.

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