Lo que pienso de

Un Conseller en mi escalera

El jueves pasado volvía del mercado con mi vecina la del cuarto, y conforme nos íbamos acercando a casa nos percatamos del movimiento inusual que se percibía cerca de nuestro portal. Lo primero que pensamos es que había ocurrido alguna desgracia, pero ni se veían ambulancias ni nada por el estilo. Los únicos coches que había eran dos o tres de esos buenos, todos oscuros y más limpios y relucientes que una patena.
En cuanto llegamos dos policías nos preguntaron si vivíamos en la finca que estaban custodiando. El policía, que conocía a mi vecina, nos dejó pasar. Nada más entrar una chica de gafas, con una carpeta pegada al pecho, nos preguntó en qué piso vivíamos. “¿Qué es lo que vendes?”, le dijo la del cuarto. “No se preocupe señora, no vendemos nada, es que está aquí el Conseller de Vivienda haciendo una visita al vecino del primero y si no tienen ningún inconveniente ahora sube a saludarlas”; las dos nos quedamos sin habla, ¡un Conseller en nuestra escalera, con lo cutre que la tenemos!

Nos fuimos las dos escaleras arriba sin decirle ni “pío” a la chica de la carpeta, que cuando llegamos al rellano del primero nos dijo, “si no quieren que suba el Conseller a su casa no pasa nada, pero díganme algo”. La del cuarto, que no se corta, se asomó por el hueco de la escalera y le dijo, “sí mira, aquí en el rellano le dejo unas bolsas con la compra, dile ahora que cuando vaya a mi casa me las suba”. La chica de la carpeta se quedó tiesa, sin saber qué decir, pero enseguida la del cuarto le dijo, “porque primero nos tendrás que explicar qué es lo que hace un Conseller en nuestra finca, a lo mejor ha venido a convencer al del primero, que es de su partido, para que nos deje poner el ascensor”. Yo no podía aguantarme la risa, y las demás vecinas, que con las voces ya estaban todas en la puerta, tampoco. “Vamos, que no tiene otra cosa que hacer un Conseller que venir a nuestra finca sin avisar para que hubiéramos pintado un poco la escalera”, dijo la del cuarto. “No seas descarada”, le dijo la del segundo B. “Para una vez que viene alguien importante encima te enfadas”. “Yo no me enfado, pero me pregunto qué hace una persona tan importante aquí, con la faena que debe tener en su despacho”, le contestó la del cuarto. “Es que no sabes que estamos en campaña, habrá venido a prometernos algo”, dijo otra. “Pero vamos a ver”, le dije yo, “los Conselleres no se presentan a estas elecciones”. “¿Entonces?”, dijeron dos o tres a la vez.

Pero ni la chica de la carpeta, ni el del primero, ni los policías que estaban en la puerta supieron explicarnos por qué un Conseller venía de visita a nuestra escalera. El único que medio nos explicó la cuestión fue el vecino nuevo del cuarto, que cuando se lo contamos nos explicó que éste no ha sido el único. Al parecer, desde primeros de año han venido un montón de Directores y Conselleres a Villena, que han prometido un Palacio de Justicia, un polígono industrial, que van a arreglar el “Hospitalico”, y uno de ellos llegó a decir que en el Poblado pronto viviría gente normal. Yo me quedé pensando a qué se referiría con aquello de “gente normal”. Pero eso ya es otra historia.

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